Publicado: 5 de Septiembre de 2016

El queso Tête de Moine es un queso suizo original por su sabor y, sobre todo, por su curioso corte en forma de clavel.

El nombre significa cabeza de monje en francés. Así es como se le bautizó por la similitud entre la forma del queso y la coronilla de los monjes.

Este queso se toma raspado y no cortado ya que potencia su sabor y su aroma gracias a que una mayor superficie del queso entra en contacto con el oxígeno. 

Degustación y maridaje: La forma original de raspar este queso hace que se utilice tanto para su consumo directo como para decorar multitud de platos. El uso de la girolle aporta un componente muy lúdico: la flor se recoge con dos dedos, se disfruta de su fragancia y se come.

Se puede probar a pasar ligeramente el final de la flor por encima de un plato con pimentón dulce, que le añade un gusto muy especial.

El queso Tête de Moine  marida con vinos blancos, y es perfecto con el chasellas suizo, por su acidez y alta graduación. Pero también pueden acompañarse con vinos blancos como el verdejo o los gallegos, tipo albariño, y tintos jóvenes o con poca crianza.

Servido en los postres, con frutas de otoño, como las uvas o los higos, resulta perfecto.